miércoles, 12 de diciembre de 2007

LEYENDAS URBANAS


  • LEYENDA DE LOS SIETE OBISPOS: en Garganta la Olla existe una antigua ermita que fue utilizada como morada por un grupo de religiosos, entre ellos siete obispos, que huían de las invasiones musulmanas. El lugar parecía seguro hasta que un día fueron rodeados por los árabes, que asesinaron a todos los religiosos, aunque estos tuvieron tiempo antes de esconder las Sagradas Formas. Desde entonces, y dentro de la ermita, brota una fuente en el lugar donde se dice que se enterraron las Hostias Consagradas.

  • LEYENDA DE LA SERRANA DE LA VERA: Isabel de Carvajal, de familia acomodada aunque no noble, es una hermosa joven que además posee una fortaleza física y un valor poco comunes en su sexo. Caza el jabalí y el lobo, tira la ballesta, recorre sola las fragosidades de la sierra y todo ello no impide que conserve fragante feminidad. Seducida Isabel por un sobrino del Obispo de Plasencia, huye a la sierra de Tormantos para ocultar, en aquellas soledades impresionantes, su dolor y su deshonra; allí se vengará de todo varón que se adentre solo en la sierra, matándolo tras seducirlo y gozarlo. Un pastorcillo, más avispado que ella, logra escapar y cuenta lo ocurrido. Isabel es capturada por la justicia y muere en la horca de Plasencia.



  • La población es muy rica en cuentos y leyendas. Varias de ellas hacen referencias a seres fantásticos como los duendes, los cuales imponían juramentos que de no cumplirse acarreaban la infertilidad. El duende o duendes de Garganta la Olla, ha sido descrito por varias personas que lo han visto en diversas épocas. Este se corresponde con un ser de aproximadamente unos 40 centímetros de altura, con cuerpo de forma humana, de un color verde especialmente brillante por la noche y que cuando es descubierto, huye muy rapidamente a cuatro patas, y esto es todavía mas extraño, no en linea recta sino en zic-zac. Al diablo, que se aparecía con forma de hermosa mujer a los cabreros en las sierras y a la que se invitaba a calentarse al fuego, una vez agachado el cabrero para azuzar la llama, descubría horrorizado las patas de cabra que le asomaban por debajo de las faldas. Y al bastardo especie de serpiente peluda de gran tamaño que solía acudir a robar la leche por las noches de las vacas, las cabras e incluso se atrevía con las mujeres lactantes. Si bien, una de las más interesantes era la de los aparecidos. Dado que las huertas seguían turnos de riego, a algunos les tocaba por orden regar por las noches. Otros mas avispados, se disfrazaban de fantasmas y asustaban a los que les tocaba el turno, para de esta forma poder regar ellos mas. Existían varias fiestas en los cambios de solsticios, una de ellas que se ha perdido, consistia en hacer una pequeña figura que representaba al diablo y que era quemada por la noche. Afortunadamente se conserva la fiesta del Judas, en la que se hace hacer explosionar en la plaza del pueblo a un espantajo relleno de petardos y fuegos artificiales.